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jueves, 29 de marzo de 2012

Just do it

Tiempo. Un segundo tras otro. Un minuto más. Siempre los mismos números, siempre. De 00 a 60 y vuelta a empezar, 24 horas al día. ¿Y qué hacemos la mayoría? Verlo pasar. Como si algún día pudiéramos recuperarlo. Como si fuera ese dinero que metes en el banco y puedes sacar cuando quieras. Pero no es así. El tiempo no se mete en el banco. El tiempo es mucho más valioso, por eso a la par que pasa, desaparece. El presente solo es un chasquido entre el presente y el futuro. Algo a lo que agarrarnos. Pero el momento en el que has empezado a leer esto, ya es pasado. Te levantas cada día queriendo que pase un día tras otro para llegar a uno en concreto. Y ese día pasa. Has perdido días por ese momento. Y zas, acaba. Yo ya no quiero perder el tiempo. Me niego a ver que se me escapa de las manos y no puedo hacer nada. No voy a arrepentirme de haber dejado ir días sin más, viendo el reloj cada hora. Se acabó esta rutina. Puedo con las horas, con los minutos, con los segundos y con las décimas. Puedo con el frío y el calor. Con el presente y con el futuro. Puedo con todo. 

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