L.

L.

sábado, 5 de mayo de 2012

LYTTE

Cierra la puerta y ponte los cáscos. Ha llegado la hora de que pienses en qué tienes que hacer a partir de ahora. Llevas diciendo mucho tiempo que vas a luchar pero hace unas horas has decidido rendirte. ''Antes de rendirte, piensa hasta dónde has llegado'' Hasta ningún sitio. Has estado andando en círculos durante días, semanas. Y si de verdad eres consciente te darás cuenta de que hace casi un año que andas en círculos. Busca una canción y a partir de ahí, improvisa. Seguro que sale alguna de esas canciones que te suben el ánimo y te hacen recordar que pronto llegan días de mucha fiesta. Una fiesta en la que él iba a estar contigo. Y ya no. Pero bueno esa es otra historia. Sigue buscando una canción, no es tan difícil. ¿Has visto esa canción? Era la de aquella tarde. Sonaba de fondo cuando estábais hablando de cuánto os queríais y de que os íbais a casar, y todas esas estupideces que se dicen cuando te estás enamorando. Pero no quieres pensar en eso, eso no viene a cuento, acabó, ahora quieres pasar página o si es necesario quemar el puto libro. Mira, otra de esas canciones. Esa canción sonaba mientras te decía que te quería, pero.. Pero, pero pero. ''Te quiero, pero..'' ''Eres especial, pero..'' Odias esa palabra, deberían prohibirla, no trae más que disgustos. Espera, espera, ¿qué te pasa en los ojos? Están rojos. Y húmedos. Y algo te resbala por la mejilla. No llores, no llores. ''Buenos días princesa'' ¿Otra canción más? Deberías borrarlas todas. Mientras, hay imágenes que se repiten en tu cabeza. Conversaciones. Pero para de llorar, o sino para de mirar esas cosas, te estás haciendo daño.. Vas a abrir tu blog. ¿Estás loca? Eres masoca, chica. Te vas a lo último de todo, al principio. A leer las estupideces que escribías cuando pensabas que todo eso iba a durar mucho tiempo. Lees y relees cada una de esas palabras, y te has dado cuenta de que has acabado poniendo una de esas infinitas canciones que por casualidad o no, hablan de vosotros y cuentan vuestra historia. Cada etapa, cada situación. Sigues leyendo. Aún te dan escalofríos y pequeños vuelquitos al corazón cuando recuerdas por qué motivos escribiste todo eso. Qué te inspiraba y qué te hacía sonreir. Qué triste te parece verte con una sonrisa de lástima en los labios mientras se te caén las lágrimas. ¿A que duele? Pues para. Para porque no puedes continuar pensando en qué falló, qué estropeó lo que tu veías tan perfecto. Mira que te lo advirtieron, no te ilusiones, no corras tan ciega que te vas a chocar.. Y anda que si te has chocado.. Aún te estás recuperando de haberte dado tan fuerte contra una puerta que te cerraron en el último momento. Ah, ¿que sigues leyendo todo eso? Y para colmo, otra de esas canciones. Joder, no eres de piedra, te estás haciendo daño. Ahora ya no lloras de pena, no solo, quiero decir. Ahora hay más dolor. Recuerdas, vives. Cada palabra. Como si escuchases cada frase que te ha dicho a lo largo de todo este tiempo. Continúas. Más recuerdos, más dolor. Deja de pensar en cómo te besaba, en como te levantaba del suelo sin esfuerzo y en como tu cabeza encajaba tan bien con su hombro por casualidad. Y mucho menos, no pienses en el día en el que se acabó todo. Por si fuera poco, repasas en tu cabeza una y otra vez que ya no es tuyo. Que se ha acabado. No entiendes como estás así, hace apenas horas que lo has visto y que le has sonreído. Pero en tu interior sabes que no era una sonrisa de esas como las de aquellos días. No era la sonrisa de ''por fin has llegado, te estaba esperando'' ni la de ''estoy hablando tanto para que me calles con un beso'' y mucho menos la sonrisa de ''quiero que este momento no acabe nunca porque me haces la niña más feliz del mundo''. Y es que el problema es ese, que todo este tiempo has sido una niña, y él no. Lo has visto, ahí, parado frente a ti como siempre, hablándote de cosas que no te importan una puta mierda mientras solo eres capaz de mirar su boca y decir ''que pena, ya no puedo comérmela''. También te acuerdas de que hace unas horas, te has despedido de él. Pero tampoco era una de esas despedidas, que duraban más que el resto del tiempo. Esas despedidas que él alargaba diciendo ''10 minutos más, en 10 minutos te prometo que te dejo que te escapes'' mientras que te abrazaba con todas sus fuerzas. Y cuando pasaban diez minutos, decía, ''joder, que rápido''. Que rápido pasaba el tiempo, ¿verdad? Que difíciles se hacen las horas desde entonces. Cuánto daño hace. Pero si te hace tanto daño, ¿qué haces que sigues ahí? Deberías haber parado hace rato. Y entonces miras el reloj. Ha pasado más de una hora. Después de tanto, sigue teniendo la capacidad de hacer volar el tiempo. Pero no de la manera en la que te gustaría. A veces te gustaría volver atras, solo para poder parar el tiempo. O eso, o congelar al resto del mundo, buscarle, gritarle que le quieres como a tu propia vida. Y es que se hace muy duro tener que disimular que no jode tanto como en realidad jode. Pero a estas alturas es inevitable. Has acabado cerrando el ordenador, con los ojos hinchados de tanto llorar y dándote cuenta de que es imposible dejar de quererle.

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