L.

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viernes, 27 de julio de 2012

A veces el cambio, lo es todo

Con 2 años no había nadie capaz de separarme de mi cuna. Con 5 lloraba porque no quería dormir sola y odiaba mi cama. Con 8, era feliz las noches que podía dormir con mis amigas. Con 11, me encantaba quedarme hasta las tantas sola en mi habitación viendo la tele. Con 15, le pondría tu nombre al lado derecho de mi cama para que no volvieras a escaparte de allí nunca, nunca más.  

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