L.

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domingo, 1 de julio de 2012

A mi conciencia no hay quien la calme

Llámame muro de Berlín porque suelo derrumbarme. No puedo comprarte la Luna por mucho que sea una lunática, odio las noches de búsqueda y mi tristeza cabe en un vaso. Salgo a comerme el mundo pero me lo bebo, prefiero un abrazo antes que un beso y si estás a mi lado noto que rozo el cielo con un palmo. Soy basta y a mi conciencia no hay quien la calme. Siempre me gustó el fruto prohibido del árbol casi tanto como un muerdo tuyo con sabor a alcohol. Soy presa de tus palabras y a mi no se me entiende hasta que escuchas en silencio. Del error aprendo, de lo que hago y no hago, me arrepiento.  Soy Lara y no tengo modales. Lloro y me como el orgullo. 

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