L.

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miércoles, 27 de marzo de 2013

Tu vida sigue. La mía también. Pero ya no siguen a la par.

En realidad no ha cambiado nada. Ni el tiempo se ha parado, ni las agujas del reloj parece que vayan a ir en sentido contrario. Las calles siguen igual de transitadas por la semana santa como cualquier otro año, como el año pasado, pero sin nuestros paseos de la mano. Mi cuarto continúa igual, los armarios siguen en el mismo sitio, pero la cama dejó de oler a ti hace meses, y mi ropa, hace semanas. Pero sigue siendo mi ropa. Sigo escribiendo en twitter, pero ya no para ti. No he dejado de sonreír, y mis sonrisas ya no son dedicadas a la tuya. Escucho canciones y no tu voz, eso quizá si que ha cambiado. Los días en el calendario ya no se tachan para llegar al que era nuestro día. Pero siguen pasando hojas. Sigo tocándome el pelo cuando me pongo nerviosa, mordiéndome el labio y suspirando. Pero seguido de esto nunca van tus ''¿qué pasa, fea?''. Algunas cosas si que han cambiado, la caja de recuerdos que teníamos ha estallado y es cierto que a veces echo tanto de menos algunas cosas tuyas que incluso se me llega a olvidar que estoy mejor sin ti. Me estoy acostumbrando a no tenerte y es algo que quizá  nunca se me pasó por la cabeza. Me llego a sorprender a mi misma de todo lo que sentí y hoy ya no siento. Porque es cierto que a veces se echan más de menos los recuerdos que a la persona. Pero necesito algo de tiempo para asumir todo esto. Nada ha cambiado. Es la misma ciudad, los mismos sitios, las mismas casas, las mismas camas, las mismas vistas, pero ya no las vemos a la vez. Nada ha cambiado de lugar, todo está en su sitio y la lluvia cae sobre la gente. Cae sobre ti y cae sobre mi. Pero ya, no vamos juntos. 

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