L.

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miércoles, 19 de febrero de 2014

..Y de repente tú, y me encantó..

Dicen que un corazón roto solo quiere a ratos, y puede que sea cierto, solo que ya no sé con qué trozo de corazón he sido capaz de querer de nuevo. Si, bueno, tienen razón. Tienen razón, y es que solo tenemos un corazón y el mío se deshizo en tantísimos pedacitos que sería incapaz de contarlos. Ni de recogerlos.
Cuando le das tu corazón a alguien, solo cuando se lo das de verdad, cuando lo pones en sus manos y depositas allí toda la fe y lo dejas todo a la suerte, solo cuando lo haces, y estas manos se abren para soltarlo, te das cuenta de que más que un corazón le diste una caja de cristal llena de esperanza que él dejó caer, y que, como todos los cristales, cayeron tanto y tan fuerte que lo que era grande se convirtió en pequeño y a ti solo te quedó la visión de algo dentro de ti más roto, más deshecho y más estropeado de lo que nunca lo estuvo. No hay silicona, pegamento híper resistente, ni celo que pueda recomponer todo eso, porque los trozos ya no encajan y porque está todo más desastroso de lo que puedes imaginar. Entonces sacas tu cepillo de barrer y los recoges todos como si nunca hubiera estado roto.
Y se acabó, dicen.
Pero no se acaba. Crees que no se acaba cuando estás con chicos que crees que le importas pero ni siquiera se molestan en ordenarte un poco el desastre, sino que lo desordenan más. Pero están ahí y ya no te pueden hacer daño.
Ya nadie podía hacerme daño.
Pero sabes que no se acaba de verdad cuando llega él.
Y no, no es él que abrió las manos y te dejó caer como un hijo de la gran puta. 
Es el que las abre para recoger los trozos e irlos pegando contigo. 
Los pega mientras te dice qué desastre eres y cuánto lo enamoras siéndolo. Cuando te besa y te dice que no es capaz de separarse de ti porque le vicias. Cuando te echa de menos 5 minutos después de irse. Cuando se queda medio dormido entre tus brazos y entonces, solo entonces, puedes ver que tu caja de cristal vuelve a su sitio como por arte de magia. 
Y entonces, lo sabes. 
No es magia, no son cristales, y un corazón roto no es que solo quiera a ratos. 
Es que solo quiere a ratos hasta que deja de estar roto. 

Te quiero, y bueno, puedo decirte mil cosas cursis y darte las gracias por darle a mi vida un giro de 180º. No se, yo soy Lara. La despegada, la que no quería novio ni la que quería atarse a una sola persona.
Pero aquí me tienes, por ti y contigo. 
Y por muchísimo tiempo, espero, mi niño.
Te quiero, y eso es todo lo que tengo que decirte.

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